viernes, 3 de enero de 2014

De camino a la iglesia



Apoyo su mano derecha sobre la pared y miro su dedo índice recordando que no debía comerse más el pellejito de los dedos,  por que después le ardía como la mierda.


Después de terminar de hacer sus necesidades,  corta un pedazo de papel higiénico y limpia cuidadosamente lo que no llego a destino.


Tira la cisterna.


Baja la tapa celeste del wáter.


Nunca le gustó esa tapa, nunca les gustaron las cosas que parecían estar fuera de lugar como esa tapa celeste. Los azulejos eran verdes con motivos negros, sino estaba en la tapa del libro estaba en el prólogo, la tapa celeste no combinaba con los azulejos verdes.


Se da media vuelta.


Le llama la atención el muñequito de goma rojo con los brazos abiertos que estaba pegado en la pared. Los brazos abiertos ayudaban a sostener los dos cepillos de dientes.


Uno amarillo, el otro azul bolita.


Se mira en el espejo y se convence que el bigote le daba más edad, pero pensaba que le quedaba estupendo.


El jabón le hace arder el dedo índice, recordándole nuevamente que no debe de comerse más los pellejitos de los dedos.


Se seca con una toalla de dudosa ablución y sale del baño de Javier Fontán.


Al salir mira por el rabillo del ojo, ve el saco del novio arriba del sillón de la abuela beba, heredado después de que la veterana pasó a mejor vida.


Atrás de la mesa ratona se asoma el abdomen de Javier Fontán empapado en un rojo carmesí.


Javier Fontán se había topado con la muerte.


La rígida y única muerte que puede encontrar un ser humano.


Con tres pasos atraviesa el pasillo y se va.

Sacó cuentas y le quedaban 45 minutos de ómnibus para llegar a la Iglesia San José de la Montaña. 

Ahí estaba Carlos el padre de Clara, a quien iba a decirle que Ismael no iba a llegar a la ceremonia, tal como el don lo había solicitado.

martes, 29 de octubre de 2013

No voy a caer

No voy a caer en el cliché literario de pedir que el tiempo pare para que de ese modo yo le pueda pegar para sacar afuera lo que alguna vez estuvo adentro y nunca tuvo ganas de salir.

No voy a caer en llorar por 10 años de cosas no hechas que deberían de haber sido resueltas, dejando un yo que no quiso ser, un piano que quiso sonar y un ayer que dice que todos los problemas se escondieron por ahí.

No voy a caer en pedirte que cambies tu rictus de ojos mal sumados y cara de congoja adolescente, ya que lo que mas quiero es que te escapes conmigo para ser testigos en silecio de los puteríos que tenemos cerca.

Ni por un minuto voy a cambiar el día mas oscuro al lado tuyo por la mejor noche de jarana.

No voy a cambiar tu suponer casi sin escuchar, tu sonrisa mateada a la mañana, ni la remera aquella que era de mi hermana.

Quiero suponer y animarme a pensar que voy a prosperar frente a los demonios que aparecen para vestirme de camaleón las veces que no quiero vestirme de varón.

No voy a caer en intentar cambiarte por ese rocanrol mal sonado. No voy a caer en esperar las disculpas de algo que no hay que disculpar y mucho menos perdonar.

Vení, mujer, acercate. Pensa que puede haber un campo de fruitllas más alla de la espina más grande de aquella rosa roja.
Veni, mujer quedate al lado. Dibujate en la cara una curva asonrisada y dejame llevarte en mi nave espacial, sin escalas, al más alla del más acá.

No voy a caer en proponerte ser el hombre que no puedo ser, mientras que plácidamente te entrego lo más hondo de este compañero que quiere estar.

No voy a caer, pero con gusto te invito a evitar las escaramusas de esta aventura en la que te sueño acompañar.



jueves, 11 de julio de 2013

Ayer me dormí



Ayer me dormí y justo cuando estábamos entrando a un sueño de la luna, me di cuenta que estoy tan sordo que no te oí respirar.


Ayer me dormí pero antes se me hicieron un nudo aquellas medias que me había sacado.


Ayer dispuse abrir aquellas puertas que querés que se cierren de par en par. Ayer quise que estuvieras justo cuando no estabas, ayer  quise gritar, fumar y tomar para anestesiar el dolor.


Ayer me horizonté bajo el techo y sonreí al saber que no te encontré en la esquina de mi casa por que nunca estuviste ahí.

Ayer me dormí pero justo antes, abrí lo que se cerró antes de querer dejarlo abierto. Ayer la esquina de mi casa se hizo un cuarto y justito te encontré.


Ayer me dormí pero me desperté justo a tiempo para  saber que ahora se durmió el dolor.


Ayer me dormí y te quise.

Hoy me despierto, salto, relativizo y esgrimo lo que hay frente a lo que ya no. Trato de vivir sin morir en el intento, trato de excretar treinta y tantos años de un ser que no quise ser.


Ayer me dormí y me puse onírico para darme cuenta que no hacen falta ni 20 poemas de amor ni 20 canciones desesperadas; que no hay que ser astronauta ni mucho menos una planta;  que daría el mar entero para tratar de cruzar el fuego y tener el mundo entero. Donde en tu China no hayan más murallas que nos separen las palabras que alguna vez quisiste escuchar.


Ayer me dormí y te tuve al lado.


Ayer me dormí y me quedé sordo de tanto escucharte respirar.