jueves, 20 de diciembre de 2012

Olmost abaut mi

Nací hace bastante tiempo (cada vez más) en Montevideo. Viví en el exterior, el interior y morí en la capital.  Cuando era chico quería ser basurero, carpintero y de paso presidente. Claramente nunca llegué a ser nada de eso.

Tiempo después además de robarle la bicicleta a mi hermana,  le robé la remera y ahí me di cuenta que quedaba algo maraca.  En algún momento quise tener un gato hasta que me decidí tanto por tener un perro, que al final nunca lo tuve. Ah es cierto, el perro se iba a llamar Claudio.

Siempre tuve héroes,  pero no se por que,  ninguno se llamó Harry, o Potter,  ni fue vampiro de un crepúsculo. Capaz que fue la época, yo que sé.

Una vez pensé que era independiente hasta que me di cuenta que la verdadera independencia radicaba en llevarle la ropa a lavar a mi mamá hasta que tuviera 30 años.

Otra vez pensé que me gustaba el rock y traté de adoptar esa vida, hasta que casi no me di cuenta de que: o bien te morís a los 27, o bien sos un iluminado y la pegas; o sino te tenés que levantar todos los días a laburar. Así de simple y con grandes tendencias tercermundistas.

Por suerte estaba bastante crecidito cuando estaba de moda decir que ahora estaba más en boga madar un mensaje de texto que mirarse a los ojos.  En esta época también me voy de vacaciones,  solo por el hecho de ver el fin del mundo tranquilo y sin stress.

Tuve tuiter pero nunca dije ahí que no tenía sueño, cuando en realidad me iba a dormir. Pila de veces dije que me gusta cuando en realidad no lo sabía. Así de simple, así de caquexico era y muchas veces es,  el juicio de valor que carece de tal.

Espero estar siempre a la altura de las circunstancias y que las circunstancias no sean mas altas que yo. Me hubiera gustado quererte como te quiero y no olvidarme nunca lo que sos y espero que seas para mi.
Y si parece mentira es real y ser un paloma honestamente poco me importa, casi tan poco como tener la camisa planchada en el día de hoy.

Besos, bye.

lunes, 12 de noviembre de 2012

La máscara...

En ese aposento...se apoyaba un gigantesco reloj de ébano. Su péndulo balanceaba con un resonar sordo, pesado, monótono; y cuando la hora iba a sonar , de las entrañas de bronce del reloj salía un tañido, claro resonante y profundo y extraordinariamente musical, pero ed un timbre tan particular y potente que de hora en hora, los músicos de la orquesta se veían obligados a interrumpir...para escuchar el sonido; y las parejas danzaban cezaban por fuerza, sus evoluciones; durante un momento. en aquella alegre sociedad reinaba el desconcierto; y mientras aún resonaban los tañidos del reloj, se notaba que los vehementes palidecían y los de mas edad y más sensatos, se pasaban la mano por la frente, como si se entregaran a un confuso ensueño o meditación.

Pero apenas los ecos cesaban del todo, livianas risas se difundían por la reunión...y sonreían de su nerviosidad...mientras se promentían unos a otros en voz baja que el siguiente tañido del reloj no provocaría en ellos una emoción semejante. Mas, al cabo de sesenta minutos...el reloj daba otra vez la hora y otra vez nacían el desconcierto, el temblor y la meditación de antes.

Más a pesar de esas cosas, la jarana era alegre y magnífica.

E.A. Poe.

lunes, 10 de septiembre de 2012

En un(os) segundo(s)

En un segundo puedo vender mi alma al diablo al bajo precio de un espejito color carmín.

En un segundo, un robotito curioso puede pisar un planeta de color rojo y hacer que el hambre de millones de niños queden una vez mas de lado. 

En un segundo puedo ponerme aquella vieja remerita de mi hermana (si aquella bien vieja que hacía parecerme a un putito) y salir a andar en bici para que me de todo el pamepero en la cara.


En un segundo puedo decir que no cuando en realidad quiero decir que si y perderlo todo quedando absolutamente sin nada o quedandome con nada teniendo absolutamente todo.


En un segundo una luz se apaga y otra se prende.


En varios segundos a veces llego a mi casa con más ganas de correr que de dormir, pero eso no se puede, aunque solo pasa en un segundo.


En un segundo puedo ir por la calle y sorprenderme como un estupido que dos chiquilinas estén de la mano.


En un segundo puedo perderte y siglos enteros no me darían para encontrarte.


En un segundo abro el ropero y siento tu olor, cuando un segundo después me doy cuenta que de un segundo para el otro, no puedo decirte que te quiero, siendo ese fragmento de tiempo mucho más destructivo que el vientre de un misil.


En un segundo puedo apretar "Enter" y terminar esto, pero antes, te pido que en un segunndo (o quizás 10000) te acuerdes de mi, por que se que en menos de un segundo me lleva decirte que daría mi reino entero para así; en algún segundo de estos pueda callar las voces del mundo, para ver tu reflejo donde nunca pasa el tiempo, ahí, donde según algunos dicen en algún momento tuve alma.