viernes, 10 de mayo de 2013
Crónicas de amor locura y nostalgia
Otra vez se despertó, se dio vuelta y no reconoció la cara que tenia al lado.
Claramente si no reconocía la cara que tenía al lado, menos iba a recordar qué miércoles había pasado la noche anterior.
Un corzo, no perdón, el festival iberoamericano de la batucada no paraba de sonar en su cabeza mientras lánguidamente trataba del hilvanar todos los “sucesos” de la pasada velada.
Puta madre que resaca, la sed y las ganas de agua era grandes como los ojos de un Simpson…tenía miedo de despertar a su partenaire de la noche anterior…de repente…vuelve el recuerdo de una de las neuronas supervivientes…había ido a una de esas fiestas medias under “anti-nostálgicas” que había sido invitado por el “feisbuc”….lo otro…la mano en una pared de bloques y un piba que le pregunta…”flaco estás bien???...no querés que te suba a un tacho….?”
Si mijo, de chiquito el abuelo le había dicho que el vino y la cerveza se habían peleado cuando eran niños y desde ahí nunca más se llevaron bien…
Sonó la cisterna del baño…otra neurona que sobrevivió le dijo que de repente estaba en un taxi con dos flacas que se puteaban entre sí.
“De donde lo conoces a este!??!?! Ni empedo lo llevas a casa”…”Es un amigo fesibuc…yo lo invite a la fiesta…aparte pobre, mira como está”….
Armado de valor y con la boca con un deje de desierto de Atacama se puso los jeans, agarró su morral y abrió la puerta del cuarto.
Un flaca con cara desalineada le desayuna:”menos mal que estás mejor, pero ahora mas vale que me digas de donde conoces a Clau”.
…….Clau, Clau, Clau, si…Clau la compañera medio rara de la facultad con la que una vez había hecho un trabajo en el segundo semestre de algún año…
“La conozco de la facultad”…fue la respuesta que le regaló a la interrogante de la raída fémina…quien respondió: “bueno ahora andáte ya que por tu culpa ayer fue la primera vez que no dormí al lado de ella…” dando vuelta otra página de la historia del capitán angustia.
Jardín Japones
Día frio de invierno, el joven camina hacia el museo Blanes; más precisamente hacia el jardín japonés.
Se había bajado del transporte colectivo en Millán y Luis Alberto de Herrera por dos razones: 1 detestaba los bondis llenos; 2 tenía esa maldita pasión de caminar sin paraguas abajo de la lluvia.
El frío de esas tardes que formaban parte del ocaso del invierno y la llovizna, extrañamente lo hacían sentir (como según el algunas veces alegaba) un poco más vivo….
Shuffle en el modo de reproducción de su emepetrés.Otra de sus manías.Le hacía recordar un poco a su vida.
Estaba frio como la puta. Si aquella señora que tuvo ese hijo que en algún momento te cago la vida. Igualmente, el estaba inalterado
Se sienta en
un banco (y después de putear por que se le mojo el culo) observa a su
alrededor y casi casi, se siente bien.
En realidad
no era eso.
El
disfrutaba de la soledad.
Tenía que
irse a mas de 50 cuadras de su casa para poder sentirse solo y así de ese modo
comenzar el viaje…
Saca una caja de cigarrillos; prende uno y
por decimosegunda vez en el día se recuerda que tiene que dejar esa mierda.Así como no todo lo que brilla es oro, su cabeza ahora pregonaba la falta de prescindibilidad que tenemos nosotros hacia con nuestro entorno.
O sea…pase lo que pase el mundo va a seguir girando, las causas y los efectos van a seguir sucediendo y lo mejor de todo…no va a hacer falta que nosotros estemos en el circo.
Duro para el egocéntrico (como él) pero verdadero como el dolor de cabeza que viene cuando se toma muy rápido helado…
Le gustaba mantener el control de todo, se jactaba de tener una inteligencia cognitiva promedio; pero se consideraba un superdotado a lo que a la inteligencia emocional se refiere.
Eso hasta que por una vez en su vida se sintió valorable para algo.
Si bien gozaba de buena salud y de un pasar económico normal, el mero hecho de atravesar el tiempo e ir pasando a través de los acontecimientos no le generaban nada.
Así de inteligente y asi de mariquita. La puta vida le saco muchas cosas. La puta vida le saco muchas cosas. La puta vida generó un cascarón.
Era invierno y estaba fe.
La naturaleza brinda un espectáculo destacable, a pesar de ser pleno invierno, un árbol que se encuentra completamente sin hojas está absolutamente florecido, es un Sakura.
Fija su mirada en dicho árbol, recorre sus ramas a la distancia; tratando de revivir el momento donde por primera vez, en más de un lustro, si se sintió importante…haciendo esto, que la gráfica de la función de su vida tuviera un punto de inflexión jamás esperado…
…como decía su gordo profesor de Cálculo “…la Matemática a veces te sorprende…”
Solo recuerda la frase y el posterior abrazo y la meada del jefe por que, rato después, se quedo conlacabezaenotracosa pensando en eso y en por que mierda le había afectado tanto…
“Que alegría que te vi” fue lo que le dijo la botija, con la que hacía “un tiempo” venía frecuentando burdeles de la vasta noche de Montevideo.
No hacía falta ser el Pedro Almodóvar de las relaciones humanas para entender que ella quería ir un poco más allá con todo, mientras que el quería sacarse las ganas de pasar un buen rato con la buena compañía que ella tenía para ofrecerle…
El sentía estar cerca de ser imprescindible.
Ella ya lo era en su cabeza.
Entre tanto, aparece un guarda parques haciendo gestos y ademanes; el joven se quita el auricular izquierdo y dirige su mirada hacia el hombre. El guarda parques, en un tono poco amable (notoriamente afectado por las ganas hacer otras cosas antes de salir a mear a un botija) le indica que ahí no está permitido fumar.
Apaga su cigarro en la suela del chanpión, lo envuelve en un pañuelo descartable y lo guarda en un bolsillo para tirarlo más tarde.
Hace casi un mes de la frase de la chiquilina y no la había vuelto a ver por excusas tales como el trabajo, el estudio, la mar en coche y la madre que los parió…
A pesar de
lo fuerte que apretaba el nudo en la garganta y frío se coloca nuevamente el
auricular y fija su mirada en esa rama florecida, centrándo su atención en una
frágil flor rosa difuminada a blanco.
El guarda
parques, sentido por el frio, se dirige al edificio contiguo; el joven
nuevamente prende el pucho que habia quedado en el puñelo, sin perder de vista
la frágil flor elegida.
Y en un plis plás una sudestada se levanta,
golpeando las ramas del Sakura. La frágil flor se desprende y así como así, la
flor había dejado de ser parte de ese árbol.Ese día, el tenía libre en el trabajo, por lo que la invito a su casa a pasar un rato y tratar de expresarle su interés dando libre albedrío al puto destino…cosa que odiaba ya que no tenía la habilidad de controlarlo.
Ella llega y el nuevamente se siente raro…
Capaz que era por que nunca las mariposas se habian puesto a revolotear en su panza, o por que las ganas que tenía que ella formara parte de su abrazo eran tan grandes como el sol que se va en una tarde de verano en Rocha. Yo que se.
Más tímida que nunca y displicente por excelencia, ella atina a cerrar el abrazo sin antes hacerle ver que tenían algo de que hablar…
Posterior a eso vio que la peor arma que pudo utilizar jamás fue su supuesta inteligencia emocional ya que según ella fue lo que más los alejo cuando más lo necesitaba...
Cayó la ficha. Ella, al igual (tal como le pasó a el en algún día) HOY se sentía mejor sola que mal acompañada.
Cayo la ficha. Segundo créito.
Tenía el corazón roto…no tenía claro si por amor o por que esa situación formaba parte del 1% de las situaciones que se le iban de control…no importa ya…la quería, sentía que la necesitaba…pero por más que le cantara una serenata, la llevara al estadio, a un toque o le escribiera el decálogo del buen varón….NADA iba a hacerla cambiar de opinión…
Cayo la ficha.
Tenía el corazón roto.
En ese momento decide retirarse considerando que el frío le estaba intimidando la garganta…claro...era el nudo ahí ubicado que tiraba más que una yunta de bueyes lo que lo hizo aflacar…
Larga la última bocanada de humo, apaga su cigarro contra la ventana de la caseta del guarda parques…continúa su solitario camino…dando vuelta la página (de quien como el a veces le gusta rotularse) de la historia del capitán angustia.
miércoles, 30 de enero de 2013
Soñé
Soñé
Soñé que estaba cenando en un lugar con vos.
Bueno, había otras actividades, no sé cuáles eran. Además había un grupo de chicos, más chicos que nosotros, que carecían de esa consciencia de consentir por que todavía no les fue necesario.
Y el tiempo se iba, se iba y se iba, más allá de donde yo lo pudiera alcanzar, para darle un par de trompadas y pedirle que pare de una vez; así finalmente puedo deshacer lo hecho y rehacer lo que nunca hice Total, estaba soñando.
Es que es tan raro saber que estás soñando cuando estás soñando.
El tiempo no paró y llegó la comida. Olía bastante rara, tan rara que hizo que te perdieras en la conversación que estaba tan lejos como a dos mesas de distancia.
Estabas re lejos.
-Postre?¿
Hubiera estado bueno alertar sobre el temporal de mi cabeza.
Hubiera estado bueno resolver lo irresoluto de lo interdicto de mi ser y no cargar con la cruz de lo no hecho.
Me pierdo en el humo del pucho que vino después del postre. Me pierdo en el recurdo de que el Lunes tengo que dejar de fumar.
Pasa un avión. Como buen canario miro el cielo para verlo.
Me acuerdo de que te veo siempre. Siempre te veo en lugares, donde en general no estás. Mientras tanto, camino con vos, silbando bajito.
Tengo ganas de decirte mil cosas que ya te dije sin decir. Tengo ganas de contarte las mil historias que no son cuentos que alguna vez quisiste escuchar. Día tras día, trato de levantarme de este sueño que siento que no estoy soñando. Tengo ganas de decirte mil cosas.
-Postre?¿
-No gracias, prefiero comenzar a cenar.
El ruido del avión se va lejos, mientras el submarino amarillo de mi silbido empieza a hacer fade out.
Tengo ganas de decirte 1 cosa en lugar de mil. Tengo ganas, ando ganas, en fin.
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