miércoles, 30 de enero de 2013

Soñé


Soñé

Soñé que estaba cenando en un lugar con vos. 

Bueno,  había otras actividades, no sé cuáles eran. Además había un grupo de chicos, más chicos que nosotros, que carecían de esa consciencia de consentir por que todavía no les fue necesario.

Y el tiempo se iba, se iba y se iba, más allá de donde yo lo pudiera alcanzar, para darle un par de trompadas y pedirle que pare de una vez; así finalmente puedo deshacer lo hecho y rehacer lo que nunca hice Total, estaba soñando.

Es que es tan raro saber que estás soñando cuando estás soñando.

El tiempo no paró y llegó la comida. Olía bastante rara, tan rara que hizo que te perdieras en la conversación que estaba tan lejos como a dos mesas de distancia.

Estabas re lejos. 

-Postre?¿

Hubiera estado bueno alertar sobre el temporal de mi cabeza.
Hubiera estado bueno resolver lo irresoluto de lo interdicto de mi ser y no cargar con la cruz de lo no hecho.

Me pierdo en el humo del pucho que vino después del postre. Me pierdo en el recurdo de que el Lunes tengo que dejar de fumar.

Pasa un avión. Como buen canario miro el cielo para verlo.

Me acuerdo de que te veo siempre. Siempre te veo en lugares, donde en general no estás. Mientras tanto, camino con vos, silbando bajito.

Tengo ganas de decirte mil cosas que ya te dije sin decir. Tengo ganas de contarte las mil historias que no son cuentos que alguna vez quisiste escuchar. Día tras día, trato de levantarme de este sueño que siento que no estoy soñando. Tengo ganas de decirte mil cosas.

-Postre?¿

-No gracias, prefiero comenzar a cenar.

El ruido del avión se va lejos, mientras el submarino amarillo de mi silbido empieza a hacer fade out.

Tengo ganas de decirte 1 cosa en lugar de mil. Tengo ganas, ando ganas, en fin.


jueves, 20 de diciembre de 2012

Olmost abaut mi

Nací hace bastante tiempo (cada vez más) en Montevideo. Viví en el exterior, el interior y morí en la capital.  Cuando era chico quería ser basurero, carpintero y de paso presidente. Claramente nunca llegué a ser nada de eso.

Tiempo después además de robarle la bicicleta a mi hermana,  le robé la remera y ahí me di cuenta que quedaba algo maraca.  En algún momento quise tener un gato hasta que me decidí tanto por tener un perro, que al final nunca lo tuve. Ah es cierto, el perro se iba a llamar Claudio.

Siempre tuve héroes,  pero no se por que,  ninguno se llamó Harry, o Potter,  ni fue vampiro de un crepúsculo. Capaz que fue la época, yo que sé.

Una vez pensé que era independiente hasta que me di cuenta que la verdadera independencia radicaba en llevarle la ropa a lavar a mi mamá hasta que tuviera 30 años.

Otra vez pensé que me gustaba el rock y traté de adoptar esa vida, hasta que casi no me di cuenta de que: o bien te morís a los 27, o bien sos un iluminado y la pegas; o sino te tenés que levantar todos los días a laburar. Así de simple y con grandes tendencias tercermundistas.

Por suerte estaba bastante crecidito cuando estaba de moda decir que ahora estaba más en boga madar un mensaje de texto que mirarse a los ojos.  En esta época también me voy de vacaciones,  solo por el hecho de ver el fin del mundo tranquilo y sin stress.

Tuve tuiter pero nunca dije ahí que no tenía sueño, cuando en realidad me iba a dormir. Pila de veces dije que me gusta cuando en realidad no lo sabía. Así de simple, así de caquexico era y muchas veces es,  el juicio de valor que carece de tal.

Espero estar siempre a la altura de las circunstancias y que las circunstancias no sean mas altas que yo. Me hubiera gustado quererte como te quiero y no olvidarme nunca lo que sos y espero que seas para mi.
Y si parece mentira es real y ser un paloma honestamente poco me importa, casi tan poco como tener la camisa planchada en el día de hoy.

Besos, bye.

lunes, 12 de noviembre de 2012

La máscara...

En ese aposento...se apoyaba un gigantesco reloj de ébano. Su péndulo balanceaba con un resonar sordo, pesado, monótono; y cuando la hora iba a sonar , de las entrañas de bronce del reloj salía un tañido, claro resonante y profundo y extraordinariamente musical, pero ed un timbre tan particular y potente que de hora en hora, los músicos de la orquesta se veían obligados a interrumpir...para escuchar el sonido; y las parejas danzaban cezaban por fuerza, sus evoluciones; durante un momento. en aquella alegre sociedad reinaba el desconcierto; y mientras aún resonaban los tañidos del reloj, se notaba que los vehementes palidecían y los de mas edad y más sensatos, se pasaban la mano por la frente, como si se entregaran a un confuso ensueño o meditación.

Pero apenas los ecos cesaban del todo, livianas risas se difundían por la reunión...y sonreían de su nerviosidad...mientras se promentían unos a otros en voz baja que el siguiente tañido del reloj no provocaría en ellos una emoción semejante. Mas, al cabo de sesenta minutos...el reloj daba otra vez la hora y otra vez nacían el desconcierto, el temblor y la meditación de antes.

Más a pesar de esas cosas, la jarana era alegre y magnífica.

E.A. Poe.